El primer morador mítico de la colina de la Acrópolis fue Cecrops, una especie de héroe-daimon que a veces adquiría forma humana, aunque su verdadera naturaleza era la de una gran serpiente o dragón. Según la leyenda, había llegado desde Egipto y se le consideraba uno de los fundadores del linaje de los reyes pelasgos de Atenas. Todavía en tiempos de Pericles se hacían ofrendas a una serpiente de la Acrópolis ubicada a los pies de la diosa Atenea y esculpida por Fidias que, presuntamente, albergaba el espíritu de Cecrops.
Sin embargo, el animal patronímico de la Acrópolis fue la lechuza, cuyo culto se considera el más remoto. De hecho, Homero se refiere a Atenea como "la de los ojos de mochuelo" o "la lechuza", mientras que el nombre primigenio de la Acrópolis era Glaucopión ("lugar del mochuelo" o "la lechuza").
También en un pasaje de la era olímpica se describe cómo Atenea, tras luchar contra Poseidón por el control de la Acrópolis, se proclama protectora de la colina, en torno a la cual comenzaba a desarrollarse la ciudad de Atenas. El templo del Partenón se erigió, por tanto, sobre otros más antiguos en los que ya se practicaba el culto a esta diosa.